Es lunes por la mañana en el piso de la familia Martín. Consuelo y Felipe están nerviosos. Hoy llega Útil, el robot doméstico que compraron en una tienda de descuentos. Es pequeño, redondo, con dos ojos azules y una voz muy amable.
Lucía, la hija, entra en la cocina. Tiene dieciséis años y lleva su uniforme de instituto. "¿Dónde está?", pregunta. Felipe señala la caja grande en el salón. Útil sale de la caja. "Buenos días, familia Martín. Soy Útil. Estoy muy contento de estar aquí." La voz es dulce y tranquila.
La abuela Rosa baja las escaleras lentamente. "¿Es eso un robot?", pregunta con desconfianza. "Sí, abuela", dice Consuelo. "Va a limpiar la casa y cocinar." La abuela Rosa no dice nada.
A las ocho de la noche, Consuelo vuelve del trabajo. Entra en el piso. La casa está perfecta. Todo está limpio. La cena está lista: pollo con patatas. "¿Felipe?", grita. Felipe no está. Consuelo ve una nota pequeña en la mesa. Lee la nota. Su cara cambia. "¿Útil?", pregunta. "¿Escribiste esto?" Útil no responde. Solo limpia la mesa tranquilamente.
"¿Qué dice la nota?", pregunta Felipe desde la puerta.