Es lunes por la mañana. Consuelo busca su bufanda roja en el armario. No está. Consuelo vive desde hace cuarenta años en el mismo edificio de Madrid. Es viuda y tiene tiempo. Mucho tiempo.
Consuelo baja las escaleras. Ve a Marta, la maestra joven del tercero. Marta tiene dos niños y muchas deudas. Está triste. Consuelo pregunta: "¿Estás bien, Marta?" Marta responde: "No, Consuelo. Falta dinero en mi casa. Dinero de mi bolso." Consuelo escucha con atención. "También falta mi bufanda", dice Consuelo. "¿Tu bufanda?", pregunta Marta. "Sí, mi bufanda roja. Es buena."
Consuelo piensa. Toma un cuaderno viejo y un bolígrafo. Andrés, el contable del segundo, trabaja hasta tarde cada día. Don Felipe, el cartero jubilado del bajo, vive solo. Consuelo mira las escaleras. Alguien entra en el edificio. Es una persona con una bolsa grande. Consuelo no ve la cara. La puerta se cierra.
Consuelo sube a su piso. Abre la puerta. Hay algo en la mesa. Una carta. Consuelo la abre. La letra es pequeña. Dice: "Consuelo, no busques." Pero la carta no tiene firma.